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El 14 de julio de 2024, el Hard Rock Stadium de Miami vibraba con una electricidad palpable. La final de la Copa América entre Argentina y Colombia trascendía el mero encuentro deportivo; la emoción y la expectativa se palpaban en cada rincón del estadio. La Albiceleste, con Lionel Messi a la cabeza, buscaba revalidar su título, mientras que la Selección Colombia, bajo la dirección de Néstor Lorenzo, anhelaba su segunda Copa América, un trofeo que se les había escapado por décadas.
Las horas previas al juego estuvieron cargadas de una tensión inusual. Fuera del Hard Rock Stadium, los tumultos y los incidentes se multiplicaban, con miles de personas empujando para ingresar a la brava a las graderías. El caos obligó a retrasar el inicio del partido por una hora y veinte minutos, poniendo a prueba la paciencia de los aficionados y la logística del evento. Una vez que el balón rodó, sin embargo, la atmósfera se transformó en una sinfonía de gritos y cánticos, un domingo que se volvió lunes y que puso a prueba el corazón de los dos equipos y de las dos hinchadas.
Parte I – Desarrollo del partido hasta el tiempo suplementario
Desde el pitazo inicial del árbitro Raphael Claus, el partido fue una batalla táctica y física. Argentina, con su formación habitual, intentaba imponer su juego de posesión con Emiliano Martínez en el arco; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Nicolás Tagliafico en defensa; Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister en el mediocampo; y el tridente ofensivo de Lionel Messi, Julián Álvarez y Ángel Di María. Colombia, por su parte, apostaba por la solidez defensiva y la velocidad en el contragolpe, con Camilo Vargas bajo los tres palos; Santiago Arias, Dávinson Sánchez, Carlos Cuesta y Johan Mojica en la zaga; Richard Ríos y Jefferson Lerma como doble pivote; Jhon Arias, James Rodríguez y Luis Díaz en la línea de volantes ofensivos; y Jhon Córdoba como único delantero.
El primer tiempo transcurrió con una intensidad feroz, pero con un sorprendente control colombiano. La zurda mágica de James Rodríguez comenzó a manejar los hilos del partido y, a los 7 minutos, ya hizo parar de las sillas a los de amarillo en el Hard Rock Stadium: lanzó un pelotazo buscando a Santiago Arias, que la bajó al corazón del área. Jhon Córdoba tuvo tiempo para girar, pero no para darle la mejor dirección a la pelota, que se fue cerca del poste derecho de Dibu Martínez. Luego, otra vez James, en un cobro de tiro de esquina, encontró la cabeza de Dávinson Sánchez, quien, en vez de rematar al arco, mandó el balón al centro buscando un segundo compañero. Y ahí estaba Carlos Cuesta, que le dio destino de arco, pero sin fuerza, permitiendo que Dibu controlara sin apuros.
Después de 20 minutos, el juego cayó en un limbo. Colombia tenía el partido más que controlado, con una pareja de recuperación inmensa, con Jefferson Lerma y Richard Ríos más que entregados a parar todo lo que pasara a su alrededor, a tal punto de que Camilo Vargas solo tuvo que trabajar una vez, en un remate aislado de Lionel Messi. Hubo que esperar casi hasta el final del primer tiempo para encontrar una nueva acción de peligro. Y llegó a los 41, en un remate de Richard Ríos que rozó en los guantes de Dibu Martínez, quien desvió con dificultad al tiro de esquina. El marcador no se movió, y el primer tiempo concluyó 0-0, evidenciando la paridad y la tensión en el campo.
El segundo tiempo comenzó con Argentina buscando más profundidad y un juego más directo. Si algunos extrañaban a Daniel Muñoz y sus salidas, Santi Arias lo hizo más que bien en el primer tiempo y estuvo cerca de marcar arrancando el segundo, cuando, de nuevo, James lanzó un balón a las 18. Córdoba solo pudo bajarla y enviarla con un remate mordido que pasó peligrosamente cerca del palo. Pero ahora Argentina sí se veía un poco más peligrosa y, ahora sí, Vargas tuvo que ponerse la capa para vestirse de héroe, en un achique magistral para salir de su zona de seguridad y evitar el gol de Alexis Mac Allister al minuto 52.
Colombia, cada vez que pudo, mostró que por arriba podía hacer daño. Y en otro tiro de esquina que levantó el ‘10’ colombiano, de nuevo hubo doble cabezazo, aunque con el mismo resultado: Córdoba al centro y Dávinson, sin poderle dar destino de gol. Argentina, de inmediato, intentó devolver el golpe, y lo hizo con un remate de Ángel Di María, en el que se rumoreaba sería su último partido con la Selección, que obligó de nuevo a Vargas a volar para mantener el 0-0.
El drama de la lesión de Lionel Messi en la final fue un punto de inflexión. Ya en la primera etapa, en un choque con Santiago Arias, el tobillo de Messi quedó dolido, encendiendo las alarmas. Luego, cuando intentó cerrar a Luis Díaz, se resbaló y tuvo que irse lesionado, a los 20 minutos de la segunda etapa (minuto 65). Esa caída, que le causó una lesión incapacitante en el tobillo, pudo haber sido su último acto en la Copa América, en la que jugó 39 partidos e hizo 14 goles. Leo acabó frustrado, quitándose un guayo y lanzándolo al piso antes de sentarse en el banco a llorar desconsolado. La imagen del astro abatido recorrió el mundo. El técnico Lionel Scaloni lo reemplazó por Nicolás González.
El físico siguió pasándoles factura a los argentinos: Gonzalo Montiel, luego de cometerle una falta a Santiago Arias, también tuvo que irse por lesión y Scaloni rearmó la defensa con Nahuel Molina al minuto 72. Y poco después, como si faltara algo, también hubo polémica con VAR incluido: Mac Allister y Córdoba fueron a luchar un balón en el área argentina y el delantero colombiano cayó. El árbitro Raphael Claus había pitado falta en ataque. La revisión no arrojó nada.
La salida de Messi, paradójicamente, acabó beneficiando a Argentina en términos de intensidad. Lo que siguió en el remate de los 90 fue angustia, porque Argentina casi consigue el tanto de la victoria a los 87, cuando Nico González cabeceó en el segundo palo un centro desde la derecha y cruzó el balón, que terminó un poco pasado y no encontró ni arco ni compañero de ataque. Si Colombia no había extrañado a Daniel Muñoz atacando, sí lo hizo defendiendo, porque la espalda de Arias terminó siendo una grieta que costó tapar. Lorenzo, que no había tocado la titular, hizo dos cambios antes de terminar los 90. Refrescó pieza por pieza, con Kevin Castaño por Richard Ríos en el minuto 89 y Rafael Santos Borré por Jhon Córdoba en el mismo minuto. Pero Colombia no podía controlar el juego y acabó pidiendo tiempo.
La final de la Copa América se perdió en el alargue. En el alargue, ya sin James en la cancha y con Juan Fernando Quintero en su lugar (ingresó en el minuto 91), fue Argentina el que quiso resolver de entrada, con un remate de Nico González en el que Camilo Vargas puso cartas para ser la figura del partido al minuto 94. Y en esas estaba el juego cuando Scaloni cambió su ataque, con la entrada de Leandro Paredes, Giovani Lo Celso y Lautaro Martínez en el minuto 97, quien reemplazó a Julián Álvarez. A pesar del cansancio, ni la Tri ni la Albiceleste querían regalar espacios. Los hinchas también metían presión al rival. Pero los primeros 15 minutos del adicional terminaban igual.
En la reanudación del segundo tiempo extra, el recién ingresado Miguel Borja (por Luis Díaz en el minuto 106) tuvo la gran oportunidad para Colombia al quedar de frente al marco, pero su disparo fue cortado por Lisandro Martínez en una salvada espectacular. Lorenzo les dio los últimos 15 minutos a Jorge Carrascal (por Jhon Arias en el minuto 106) y Mateus Uribe (por Jefferson Lerma en el minuto 106). Y hubo una sensación más, la esperanza. Porque en los últimos minutos del suplementario, Colombia comenzó a tomar la pelota. Quintero empezó a jugar y con él, Colombia comenzó a acercarse. Ya no había piernas en muchos casos, pero corazón no faltó.
Llegó el minuto 111, el momento que cambiaría el destino. En un descuido, en un balón que perdió Kevin Castaño, Argentina tomó mal parado a Colombia. Leandro Paredes, siempre atento, recuperó el esférico con una barrida limpia. Con la visión que lo caracteriza, tocó de primera para Giovani Lo Celso. Lo Celso, con un toque sutil y preciso, filtró un pase perfecto entre los centrales colombianos. El balón encontró a Lautaro Martínez, quien se lanzó en carrera hacia el arco de Camilo Vargas. El "Toro" estaba solo, con el balón pegado a su pie, y el gol parecía inminente.
Parte II – El giro del destino y la polémica
Carlos Cuesta, en un acto de desesperación absoluta, se lanzó al suelo con una fuerza descomunal, no buscando el balón, sino con la única y brutal intención de frenar el avance letal de Lautaro Martínez. No hubo roce limpio, no hubo chance al error. La entrada fue directa e impactó con violencia la pierna del delantero argentino. Lautaro cayó al césped como un árbol talado, su grito de dolor se escuchó en todo el estadio, mientras se retorcía y se aferraba a su pierna; la agonía en su rostro era patente. El silbato de Raphael Claus rasgó el aire con una urgencia implacable, y sin el más mínimo titubeo, el árbitro brasileño extendió el brazo para mostrar la tarjeta roja directa a Carlos Cuesta. La expulsión era inexorable, la falta había sido salvaje, un sacrificio definitivo para evitar una opción manifiesta de gol. De repente, Colombia se encontraba con ¡diez hombres! en el campo, el destino pendiendo de un hilo.
El Hard Rock Stadium se convirtió en un pandemonio. Los jugadores argentinos, indignados por la agresión a su compañero, se abalanzaron sobre Cuesta y los futbolistas colombianos. Se desató una trifulca monumental en el campo. Empujones, gritos, insultos. Los cuerpos técnicos de ambos equipos tuvieron que intervenir para separar a los jugadores. Néstor Lorenzo y Lionel Scaloni, normalmente serenos, gesticulaban airadamente desde sus áreas técnicas. La situación escaló rápidamente, y el árbitro, con la ayuda de sus asistentes, tuvo que tomar más decisiones drásticas. Tras varios minutos de caos, además de la expulsión de Cuesta, se mostraron tarjetas rojas a un miembro del cuerpo técnico argentino por ingresar al campo de juego y a un suplente colombiano por participar en la refriega.
El partido se detuvo por casi diez minutos. Los médicos de Argentina atendieron a Lautaro Martínez, quien finalmente tuvo que ser retirado en camilla, con un gesto de dolor evidente y la preocupación dibujada en su rostro. La imagen de Lautaro saliendo del campo con la pierna inmovilizada fue otro golpe para Argentina, que ya había perdido a Messi. Con los cambios realizados en la prórroga, Scaloni tuvo que improvisar. Lautaro Martínez, que había entrado en el minuto 97, ahora salía lesionado. Para su reemplazo, Lionel Scaloni decidió darle una oportunidad a la juventud y el desequilibrio, enviando al campo a Alejandro Garnacho. Argentina, a pesar de la ventaja numérica por la expulsión de Cuesta, sentía el peso de las bajas de sus dos referentes ofensivos.
Cuando el partido finalmente se reanudó, la atmósfera era eléctrica. Argentina tenía un tiro libre al borde del área, una posición inmejorable para abrir el marcador. La oportunidad era de oro. Enzo Fernández, que había entrado por Mac Allister, tomó la responsabilidad. Se perfiló, respiró hondo y ejecutó un disparo potente y colocado. El balón superó la barrera, pero para la desesperación argentina, se estrelló con un estruendo metálico en el travesaño de Camilo Vargas. El rebote salió despedido hacia afuera, y la jugada se diluyó. La fortuna no estaba del lado argentino...
Parte III – La gloria eterna
Colombia, con un hombre menos y el cansancio acumulado, parecía al borde del abismo. Pero la adversidad, a veces, forja las leyendas. Tras el fallo de Enzo Fernández, Camilo Vargas, con la calma de un veterano, no se apresuró. Tomó el balón y, con un saque largo y preciso, lo envió al campo contrario, buscando a los hombres de ataque. El balón cayó cerca del círculo central, donde Jorge Carrascal, que había ingresado por Jhon Arias en el minuto 106, lo controló con maestría.
Rodrigo De Paul, intentando recuperar el balón, se lanzó con todo, pero Carrascal, con un regate exquisito, lo eludió con una finta que dejó al argentino desparramado en el césped. El colombiano avanzó unos metros y tocó para Miguel Borja, quien había reemplazado a Jhon Córdoba en el minuto 106. Borja, con su imponente físico y su habilidad para aguantar la marca, recibió el balón de espaldas, protegiéndolo de la presión de Cristian Romero y Lisandro Martínez. Con una fuerza y astucia increíbles, giró sobre sí mismo, ganando unos preciosos segundos.
En ese instante crucial, Juan Fernando Quintero, que había entrado por James Rodríguez en el minuto 91, apareció como un fantasma. Borja, con una visión periférica asombrosa, le filtró el balón. Quintero, con su zurda mágica, no dudó. Sin levantar la cabeza, metió un pase al espacio, un pase que rompió la última línea defensiva argentina. El balón, con una comba perfecta, encontró a Rafael Santos Borré, quien había regresado al campo en el minuto 115 tras la lesión de Lautaro Martínez y la confusión de los cambios. Borré, que había estado en el banco, ahora tenía la oportunidad de su vida.
El "Comandante" corrió hacia el balón, dejando atrás a Tagliafico, y con la sangre fría de un depredador, remató de primera intención con su pierna derecha. El disparo fue cruzado, potente y raso. El balón se deslizó por debajo del cuerpo de Emiliano Martínez y se incrustó en la red. ¡Gol! ¡Gol de Colombia! El Hard Rock Stadium explotó en un estruendo de júbilo colombiano. Era el minuto 118, y Colombia, con 10 hombres, acababa de marcar el gol de la victoria.
Argentina, herida y furiosa, arremetió con todo en los últimos minutos, buscando el empate con desesperación. Al minuto 122, Rodrigo De Paul, con el corazón en la mano, se lanzó al ataque y sacó un disparo potente desde fuera del área. El balón llevaba veneno, directo al ángulo superior. Pero Camilo Vargas, el héroe silencioso de la noche, se estiró con una agilidad felina y desvió el balón con la punta de los dedos, enviándolo por encima del travesaño. Fue una salvada milagrosa, la última gran oportunidad argentina.
El silbatazo final de Raphael Claus resonó en el estadio, un sonido que para Colombia fue la sinfonía más hermosa jamás escuchada. ¡Colombia era campeona de América! La explosión de alegría en el campo fue indescriptible. Los jugadores colombianos se abrazaron, algunos cayeron de rodillas, otros lloraban de emoción. La celebración fue descomunal, no solo en Miami, sino en cada rincón de Colombia. El país entero se volcó a las calles, las banderas tricolor ondeaban por doquier, los gritos de "¡Campeones!" retumbaban en cada ciudad y pueblo. Fue una fiesta nacional que duró días, una catarsis colectiva de décadas de anhelos.
La selección regresó a Colombia para una recepción triunfal. Millones de personas se agolparon en las calles para saludar a sus héroes. El autobús descapotable avanzaba lentamente entre una marea humana, mientras los jugadores levantaban el trofeo al cielo, bañados por una lluvia de papel picado y confeti. Las caravanas de automóviles se extendían por kilómetros, las bocinas sonaban sin cesar, y la música de cumbia y vallenato inundaba cada esquina. Desde los balcones, la gente agitaba camisetas y banderas, y las lágrimas de emoción se mezclaban con las sonrisas de orgullo. Los noticieros transmitían en vivo desde cada ciudad principal del país, mostrando la euforia desbordada de una nación que había esperado este momento por décadas.
Carlos Cuesta, que había visto el final del partido desde el banco, terminaba de comprender ahora que su falta temeraria había cambiado el rumbo del partido. Su sacrificio, aunque polémico, se había convertido en parte de la épica.
El técnico Néstor Lorenzo, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos vidriosos, declaró ante los medios: "Este es el segundo sol de Colombia. Este equipo ha demostrado que con corazón, disciplina y fe, no hay imposibles." Sus palabras resonaron en el alma de una nación.
Rafael Santos Borré y Miguel Borja, los dos delanteros que habían luchado incansablemente, se consagraron como ídolos nacionales, sus nombres coreados por la multitud. Y James Rodríguez, el talentoso 10 que había sido tan cuestionado antes del torneo, fue finalmente reivindicado con el premio al mejor jugador de la Copa América FIFA 2024. Su liderazgo, sus pases magistrales y su resiliencia en los momentos difíciles demostraron que su magia seguía intacta. Colombia había tocado el cielo y era un nuevo amanecer para el fútbol colombiano, "El segundo sol de Colombia".
Declaraciones Post-Partido
Rafael Santos Borré (Delantero y goleador de Colombia): "Es un sueño hecho realidad. Luchamos hasta el último aliento, con un hombre menos, con todo en contra. Este gol es para toda Colombia, para cada persona que creyó en nosotros. ¡Somos campeones! La fe nos movió."
James Rodríguez (Mediocampista, capitán de Colombia): "Se habló mucho antes de la Copa, se dudó, pero siempre creímos. Este equipo tiene un corazón enorme. Esto es para nuestra gente, que siempre nos apoyó. La Copa se queda en casa, en Colombia. Es una locura."
Camilo Vargas (Arquero de Colombia): "Fue un partido de infarto, con momentos muy difíciles. Pero nunca bajamos los brazos. Esa última atajada fue por mis compañeros, por el país. Ver a la gente celebrar así, no tiene precio. ¡Colombia es grande!"
Rodrigo De Paul (Mediocampista de Argentina): "Duele, duele mucho. Lo dejamos todo en la cancha, hasta el último minuto. Perder a Leo, después a Lautaro... fue muy duro. Pero no es excusa. Colombia hizo su partido, y hoy les tocó a ellos. Felicidades, aunque el dolor es inmenso."
Emiliano 'Dibu' Martínez (Arquero de Argentina): "Es una amargura terrible. Tuvimos las chances, luchamos, pero el fútbol es así. Nos vamos con la cabeza en alto, sabiendo que dimos todo. Volveremos más fuertes, por Leo, por la gente, por nosotros."
Lionel Scaloni (Entrenador de Argentina): "Es un golpe durísimo. No pudimos concretar las oportunidades y ellos sí. El fútbol tiene estas cosas. Felicito a Colombia por su entrega. Ahora toca levantarse y seguir adelante. Este grupo tiene mucho para dar."