domingo, 25 de mayo de 2025

El segundo sol de Colombia

 

Generado con Gemini 2.5 Flash
    El 14 de julio de 2024, el Hard Rock Stadium de Miami vibraba con una electricidad palpable. La final de la Copa América entre Argentina y Colombia trascendía el mero encuentro deportivo; la emoción y la expectativa se palpaban en cada rincón del estadio. La Albiceleste, con Lionel Messi a la cabeza, buscaba revalidar su título, mientras que la Selección     Colombia, bajo la dirección de Néstor Lorenzo, anhelaba su segunda Copa América, un trofeo que se les había escapado por décadas.
    Las horas previas al juego estuvieron cargadas de una tensión inusual. Fuera del Hard Rock Stadium, los tumultos y los incidentes se multiplicaban, con miles de personas empujando para ingresar a la brava a las graderías. El caos obligó a retrasar el inicio del partido por una hora y veinte minutos, poniendo a prueba la paciencia de los aficionados y la logística del evento. Una vez que el balón rodó, sin embargo, la atmósfera se transformó en una sinfonía de gritos y cánticos, un domingo que se volvió lunes y que puso a prueba el corazón de los dos equipos y de las dos hinchadas.

Parte I – Desarrollo del partido hasta el tiempo suplementario
    Desde el pitazo inicial del árbitro Raphael Claus, el partido fue una batalla táctica y física. Argentina, con su formación habitual, intentaba imponer su juego de posesión con Emiliano Martínez en el arco; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Nicolás Tagliafico en defensa; Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister en el mediocampo; y el tridente ofensivo de Lionel Messi, Julián Álvarez y Ángel Di María. Colombia, por su parte, apostaba por la solidez defensiva y la velocidad en el contragolpe, con Camilo Vargas bajo los tres palos; Santiago Arias, Dávinson Sánchez, Carlos Cuesta y Johan Mojica en la zaga; Richard Ríos y Jefferson Lerma como doble pivote; Jhon Arias, James Rodríguez y Luis Díaz en la línea de volantes ofensivos; y Jhon Córdoba como único delantero.
    El primer tiempo transcurrió con una intensidad feroz, pero con un sorprendente control colombiano. La zurda mágica de James Rodríguez comenzó a manejar los hilos del partido y, a los 7 minutos, ya hizo parar de las sillas a los de amarillo en el Hard Rock Stadium: lanzó un pelotazo buscando a Santiago Arias, que la bajó al corazón del área. Jhon Córdoba tuvo tiempo para girar, pero no para darle la mejor dirección a la pelota, que se fue cerca del poste derecho de Dibu Martínez. Luego, otra vez James, en un cobro de tiro de esquina, encontró la cabeza de Dávinson Sánchez, quien, en vez de rematar al arco, mandó el balón al centro buscando un segundo compañero. Y ahí estaba Carlos Cuesta, que le dio destino de arco, pero sin fuerza, permitiendo que Dibu controlara sin apuros.
    Después de 20 minutos, el juego cayó en un limbo. Colombia tenía el partido más que controlado, con una pareja de recuperación inmensa, con Jefferson Lerma y Richard Ríos más que entregados a parar todo lo que pasara a su alrededor, a tal punto de que Camilo Vargas solo tuvo que trabajar una vez, en un remate aislado de Lionel Messi. Hubo que esperar casi hasta el final del primer tiempo para encontrar una nueva acción de peligro. Y llegó a los 41, en un remate de Richard Ríos que rozó en los guantes de Dibu Martínez, quien desvió con dificultad al tiro de esquina. El marcador no se movió, y el primer tiempo concluyó 0-0, evidenciando la paridad y la tensión en el campo.
    El segundo tiempo comenzó con Argentina buscando más profundidad y un juego más directo. Si algunos extrañaban a Daniel Muñoz y sus salidas, Santi Arias lo hizo más que bien en el primer tiempo y estuvo cerca de marcar arrancando el segundo, cuando, de nuevo, James lanzó un balón a las 18. Córdoba solo pudo bajarla y enviarla con un remate mordido que pasó peligrosamente cerca del palo. Pero ahora Argentina sí se veía un poco más peligrosa y, ahora sí, Vargas tuvo que ponerse la capa para vestirse de héroe, en un achique magistral para salir de su zona de seguridad y evitar el gol de Alexis Mac Allister al minuto 52.
    Colombia, cada vez que pudo, mostró que por arriba podía hacer daño. Y en otro tiro de esquina que levantó el ‘10’ colombiano, de nuevo hubo doble cabezazo, aunque con el mismo resultado: Córdoba al centro y Dávinson, sin poderle dar destino de gol. Argentina, de inmediato, intentó devolver el golpe, y lo hizo con un remate de Ángel Di María, en el que se rumoreaba sería su último partido con la Selección, que obligó de nuevo a Vargas a volar para mantener el 0-0.
    El drama de la lesión de Lionel Messi en la final fue un punto de inflexión. Ya en la primera etapa, en un choque con Santiago Arias, el tobillo de Messi quedó dolido, encendiendo las alarmas. Luego, cuando intentó cerrar a Luis Díaz, se resbaló y tuvo que irse lesionado, a los 20 minutos de la segunda etapa (minuto 65). Esa caída, que le causó una lesión incapacitante en el tobillo, pudo haber sido su último acto en la Copa América, en la que jugó 39 partidos e hizo 14 goles. Leo acabó frustrado, quitándose un guayo y lanzándolo al piso antes de sentarse en el banco a llorar desconsolado. La imagen del astro abatido recorrió el mundo. El técnico Lionel Scaloni lo reemplazó por Nicolás González.
El físico siguió pasándoles factura a los argentinos: Gonzalo Montiel, luego de cometerle una falta a Santiago Arias, también tuvo que irse por lesión y Scaloni rearmó la defensa con Nahuel Molina al minuto 72. Y poco después, como si faltara algo, también hubo polémica con VAR incluido: Mac Allister y Córdoba fueron a luchar un balón en el área argentina y el delantero colombiano cayó. El árbitro Raphael Claus había pitado falta en ataque. La revisión no arrojó nada.
    La salida de Messi, paradójicamente, acabó beneficiando a Argentina en términos de intensidad. Lo que siguió en el remate de los 90 fue angustia, porque Argentina casi consigue el tanto de la victoria a los 87, cuando Nico González cabeceó en el segundo palo un centro desde la derecha y cruzó el balón, que terminó un poco pasado y no encontró ni arco ni compañero de ataque. Si Colombia no había extrañado a Daniel Muñoz atacando, sí lo hizo defendiendo, porque la espalda de Arias terminó siendo una grieta que costó tapar. Lorenzo, que no había tocado la titular, hizo dos cambios antes de terminar los 90. Refrescó pieza por pieza, con Kevin Castaño por Richard Ríos en el minuto 89 y Rafael Santos Borré por Jhon Córdoba en el mismo minuto. Pero Colombia no podía controlar el juego y acabó pidiendo tiempo.
    La final de la Copa América se perdió en el alargue. En el alargue, ya sin James en la cancha y con Juan Fernando Quintero en su lugar (ingresó en el minuto 91), fue Argentina el que quiso resolver de entrada, con un remate de Nico González en el que Camilo Vargas puso cartas para ser la figura del partido al minuto 94. Y en esas estaba el juego cuando Scaloni cambió su ataque, con la entrada de Leandro Paredes, Giovani Lo Celso y Lautaro Martínez en el minuto 97, quien reemplazó a Julián Álvarez. A pesar del cansancio, ni la Tri ni la Albiceleste querían regalar espacios. Los hinchas también metían presión al rival. Pero los primeros 15 minutos del adicional terminaban igual.
    En la reanudación del segundo tiempo extra, el recién ingresado Miguel Borja (por Luis Díaz en el minuto 106) tuvo la gran oportunidad para Colombia al quedar de frente al marco, pero su disparo fue cortado por Lisandro Martínez en una salvada espectacular. Lorenzo les dio los últimos 15 minutos a Jorge Carrascal (por Jhon Arias en el minuto 106) y Mateus Uribe (por Jefferson Lerma en el minuto 106). Y hubo una sensación más, la esperanza. Porque en los últimos minutos del suplementario, Colombia comenzó a tomar la pelota. Quintero empezó a jugar y con él, Colombia comenzó a acercarse. Ya no había piernas en muchos casos, pero corazón no faltó.
    Llegó el minuto 111, el momento que cambiaría el destino. En un descuido, en un balón que perdió Kevin Castaño, Argentina tomó mal parado a Colombia. Leandro Paredes, siempre atento, recuperó el esférico con una barrida limpia. Con la visión que lo caracteriza, tocó de primera para Giovani Lo Celso. Lo Celso, con un toque sutil y preciso, filtró un pase perfecto entre los centrales colombianos. El balón encontró a Lautaro Martínez, quien se lanzó en carrera hacia el arco de Camilo Vargas. El "Toro" estaba solo, con el balón pegado a su pie, y el gol parecía inminente.

Parte II – El giro del destino y la polémica
    Carlos Cuesta, en un acto de desesperación absoluta, se lanzó al suelo con una fuerza descomunal, no buscando el balón, sino con la única y brutal intención de frenar el avance letal de Lautaro Martínez. No hubo roce limpio, no hubo chance al error. La entrada fue directa e impactó con violencia la pierna del delantero argentino. Lautaro cayó al césped como un árbol talado, su grito de dolor se escuchó en todo el estadio, mientras se retorcía y se aferraba a su pierna; la agonía en su rostro era patente. El silbato de Raphael Claus rasgó el aire con una urgencia implacable, y sin el más mínimo titubeo, el árbitro brasileño extendió el brazo para mostrar la tarjeta roja directa a Carlos Cuesta. La expulsión era inexorable, la falta había sido salvaje, un sacrificio definitivo para evitar una opción manifiesta de gol. De repente, Colombia se encontraba con ¡diez hombres! en el campo, el destino pendiendo de un hilo.
    El Hard Rock Stadium se convirtió en un pandemonio. Los jugadores argentinos, indignados por la agresión a su compañero, se abalanzaron sobre Cuesta y los futbolistas colombianos. Se desató una trifulca monumental en el campo. Empujones, gritos, insultos. Los cuerpos técnicos de ambos equipos tuvieron que intervenir para separar a los jugadores. Néstor Lorenzo y Lionel Scaloni, normalmente serenos, gesticulaban airadamente desde sus áreas técnicas. La situación escaló rápidamente, y el árbitro, con la ayuda de sus asistentes, tuvo que tomar más decisiones drásticas. Tras varios minutos de caos, además de la expulsión de Cuesta, se mostraron tarjetas rojas a un miembro del cuerpo técnico argentino por ingresar al campo de juego y a un suplente colombiano por participar en la refriega.
    El partido se detuvo por casi diez minutos. Los médicos de Argentina atendieron a Lautaro Martínez, quien finalmente tuvo que ser retirado en camilla, con un gesto de dolor evidente y la preocupación dibujada en su rostro. La imagen de Lautaro saliendo del campo con la pierna inmovilizada fue otro golpe para Argentina, que ya había perdido a Messi. Con los cambios realizados en la prórroga, Scaloni tuvo que improvisar. Lautaro Martínez, que había entrado en el minuto 97, ahora salía lesionado. Para su reemplazo, Lionel Scaloni decidió darle una oportunidad a la juventud y el desequilibrio, enviando al campo a Alejandro Garnacho. Argentina, a pesar de la ventaja numérica por la expulsión de Cuesta, sentía el peso de las bajas de sus dos referentes ofensivos.
    Cuando el partido finalmente se reanudó, la atmósfera era eléctrica. Argentina tenía un tiro libre al borde del área, una posición inmejorable para abrir el marcador. La oportunidad era de oro. Enzo Fernández, que había entrado por Mac Allister, tomó la responsabilidad. Se perfiló, respiró hondo y ejecutó un disparo potente y colocado. El balón superó la barrera, pero para la desesperación argentina, se estrelló con un estruendo metálico en el travesaño de Camilo Vargas. El rebote salió despedido hacia afuera, y la jugada se diluyó. La fortuna no estaba del lado argentino...

Parte III – La gloria eterna
    Colombia, con un hombre menos y el cansancio acumulado, parecía al borde del abismo. Pero la adversidad, a veces, forja las leyendas. Tras el fallo de Enzo Fernández, Camilo Vargas, con la calma de un veterano, no se apresuró. Tomó el balón y, con un saque largo y preciso, lo envió al campo contrario, buscando a los hombres de ataque. El balón cayó cerca del círculo central, donde Jorge Carrascal, que había ingresado por Jhon Arias en el minuto 106, lo controló con maestría.
    Rodrigo De Paul, intentando recuperar el balón, se lanzó con todo, pero Carrascal, con un regate exquisito, lo eludió con una finta que dejó al argentino desparramado en el césped. El colombiano avanzó unos metros y tocó para Miguel Borja, quien había reemplazado a Jhon Córdoba en el minuto 106. Borja, con su imponente físico y su habilidad para aguantar la marca, recibió el balón de espaldas, protegiéndolo de la presión de Cristian Romero y Lisandro Martínez. Con una fuerza y astucia increíbles, giró sobre sí mismo, ganando unos preciosos segundos.
    En ese instante crucial, Juan Fernando Quintero, que había entrado por James Rodríguez en el minuto 91, apareció como un fantasma. Borja, con una visión periférica asombrosa, le filtró el balón. Quintero, con su zurda mágica, no dudó. Sin levantar la cabeza, metió un pase al espacio, un pase que rompió la última línea defensiva argentina. El balón, con una comba perfecta, encontró a Rafael Santos Borré, quien había regresado al campo en el minuto 115 tras la lesión de Lautaro Martínez y la confusión de los cambios. Borré, que había estado en el banco, ahora tenía la oportunidad de su vida.
    El "Comandante" corrió hacia el balón, dejando atrás a Tagliafico, y con la sangre fría de un depredador, remató de primera intención con su pierna derecha. El disparo fue cruzado, potente y raso. El balón se deslizó por debajo del cuerpo de Emiliano Martínez y se incrustó en la red. ¡Gol! ¡Gol de Colombia! El Hard Rock Stadium explotó en un estruendo de júbilo colombiano. Era el minuto 118, y Colombia, con 10 hombres, acababa de marcar el gol de la victoria.
    Argentina, herida y furiosa, arremetió con todo en los últimos minutos, buscando el empate con desesperación. Al minuto 122, Rodrigo De Paul, con el corazón en la mano, se lanzó al ataque y sacó un disparo potente desde fuera del área. El balón llevaba veneno, directo al ángulo superior. Pero Camilo Vargas, el héroe silencioso de la noche, se estiró con una agilidad felina y desvió el balón con la punta de los dedos, enviándolo por encima del travesaño. Fue una salvada milagrosa, la última gran oportunidad argentina.
    El silbatazo final de Raphael Claus resonó en el estadio, un sonido que para Colombia fue la sinfonía más hermosa jamás escuchada. ¡Colombia era campeona de América! La explosión de alegría en el campo fue indescriptible. Los jugadores colombianos se abrazaron, algunos cayeron de rodillas, otros lloraban de emoción. La celebración fue descomunal, no solo en Miami, sino en cada rincón de Colombia. El país entero se volcó a las calles, las banderas tricolor ondeaban por doquier, los gritos de "¡Campeones!" retumbaban en cada ciudad y pueblo. Fue una fiesta nacional que duró días, una catarsis colectiva de décadas de anhelos.
    La selección regresó a Colombia para una recepción triunfal. Millones de personas se agolparon en las calles para saludar a sus héroes. El autobús descapotable avanzaba lentamente entre una marea humana, mientras los jugadores levantaban el trofeo al cielo, bañados por una lluvia de papel picado y confeti. Las caravanas de automóviles se extendían por kilómetros, las bocinas sonaban sin cesar, y la música de cumbia y vallenato inundaba cada esquina. Desde los balcones, la gente agitaba camisetas y banderas, y las lágrimas de emoción se mezclaban con las sonrisas de orgullo. Los noticieros transmitían en vivo desde cada ciudad principal del país, mostrando la euforia desbordada de una nación que había esperado este momento por décadas.
    Carlos Cuesta, que había visto el final del partido desde el banco, terminaba de comprender ahora que su falta temeraria había cambiado el rumbo del partido. Su sacrificio, aunque polémico, se había convertido en parte de la épica.
    El técnico Néstor Lorenzo, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos vidriosos, declaró ante los medios: "Este es el segundo sol de Colombia. Este equipo ha demostrado que con corazón, disciplina y fe, no hay imposibles." Sus palabras resonaron en el alma de una nación.
Rafael Santos Borré y Miguel Borja, los dos delanteros que habían luchado incansablemente, se consagraron como ídolos nacionales, sus nombres coreados por la multitud. Y James Rodríguez, el talentoso 10 que había sido tan cuestionado antes del torneo, fue finalmente reivindicado con el premio al mejor jugador de la Copa América FIFA 2024. Su liderazgo, sus pases magistrales y su resiliencia en los momentos difíciles demostraron que su magia seguía intacta. Colombia había tocado el cielo y era un nuevo amanecer para el fútbol colombiano, "El segundo sol de Colombia".

Declaraciones Post-Partido
Rafael Santos Borré (Delantero y goleador de Colombia): "Es un sueño hecho realidad. Luchamos hasta el último aliento, con un hombre menos, con todo en contra. Este gol es para toda Colombia, para cada persona que creyó en nosotros. ¡Somos campeones! La fe nos movió."
James Rodríguez (Mediocampista, capitán de Colombia): "Se habló mucho antes de la Copa, se dudó, pero siempre creímos. Este equipo tiene un corazón enorme. Esto es para nuestra gente, que siempre nos apoyó. La Copa se queda en casa, en Colombia. Es una locura."
Camilo Vargas (Arquero de Colombia): "Fue un partido de infarto, con momentos muy difíciles. Pero nunca bajamos los brazos. Esa última atajada fue por mis compañeros, por el país. Ver a la gente celebrar así, no tiene precio. ¡Colombia es grande!"
Rodrigo De Paul (Mediocampista de Argentina): "Duele, duele mucho. Lo dejamos todo en la cancha, hasta el último minuto. Perder a Leo, después a Lautaro... fue muy duro. Pero no es excusa. Colombia hizo su partido, y hoy les tocó a ellos. Felicidades, aunque el dolor es inmenso."
Emiliano 'Dibu' Martínez (Arquero de Argentina): "Es una amargura terrible. Tuvimos las chances, luchamos, pero el fútbol es así. Nos vamos con la cabeza en alto, sabiendo que dimos todo. Volveremos más fuertes, por Leo, por la gente, por nosotros."
Lionel Scaloni (Entrenador de Argentina): "Es un golpe durísimo. No pudimos concretar las oportunidades y ellos sí. El fútbol tiene estas cosas. Felicito a Colombia por su entrega. Ahora toca levantarse y seguir adelante. Este grupo tiene mucho para dar."

martes, 18 de agosto de 2020

Secuenciales (2020)


Secuenciales es mi quinta publicación, que se lanzó el 14 de agosto del 2020 por cuenta de la iniciativa editorial Dosis mínima, de Bogotá.

Secuenciales está compuesto por textos breves de tipo literario y filosófico. Son prosas que se valen de algunos rasgos del raciocinio y del tratado, que se despliegan a través de recursos literarios como la eufonía, la aliteración, los juegos semánticos y el humor. 

Después de la publicación de En la tierra de los vivientes he decidido disponer del tiempo que sea necesario para permitirme encontrar una nueva modulación en mi estilo que corresponda con lo que necesito escribir en este periodo de mi vida; Secuenciales es una muestra de lo que comienza a asomarse en este sentido. 

Aquí un fragmento de uno de los textos que componen Secuenciales:

Pueden conocer más de la interesante propuesta editorial de Dosis mínima en este enlace, además de los audios de mis textos y una versión en pdf de la publicación para imprimir y armar: https://dosisminima.org/2020/08/14/andrew-bernal-trillos-secuenciales
https://issuu.com/dosisminima/docs/dm-cl-22_andrew_bernal_-_secuencial_ffbdc2d63c0344 

Por número de palabras (2019)



Por número de palabras (2019) es mi cuarto libro publicado.  El libro, en una bella edición de Inalmew Taller editorial (Argentina, Colombia, Brasil), portada con grabado en xilografía, es una colección de pensamientos que surgieron en la primera década de este Siglo XXI. 

Les comparto la nota preliminar, que nos da noticia de la razón del título y de la particular composición editorial de la obra.




Pueden conocer más de la editorial en este enlace: https://www.facebook.com/Inalmew.taller.creativo

miércoles, 12 de agosto de 2020

Exegénesis del Soneto 59, de la Urna, de Enrique Banchs


Exegénesis es un modo de dar a conocer, principalmente por escrito, nuestras interpretaciones de los textos (exégesis) con el propósito de que generen (génesis) otras interpretaciones. 





¿Qué hace de un poema un gran poema? Tal vez no existan ni grandes ni pequeños poemas. Sin embargo, puede decirse que hay poemas que nos conmueven de diferentes maneras, que nos dan un gozo distinto en cada relectura. Es el caso de los poemas de Enrique Banchs y, en particular, el de este que nos mueve a la presente exegénesis.

El poema habla de la vida del espejo y de sus cualidades. Al leerlo con detenimiento se advierte que buena parte de las palabras que lo conforman se relacionan con fenómenos ópticos o que se pueden asociar con ellos. ¿Cuáles serían estas palabras? Al releerlo con esta orientación se encuentra que, de principio a fin, el poema se mantiene en este campo de sentido: reflejo, apariencia...

Por tratarse de un espejo, las menciones y alusiones a la duplicación se encuentran también en cada una de las estrofas. ¿Cuáles son? Por ejemplo, en el segundo cuarteto nos da la idea de duplicación por alusión, a través de una imagen que resulta algo desoladora si nos permitimos que se despliegue en nuestra representación: una rosa que ha perdido su lozanía, una rosa solitaria en un vaso, muestra su "cabeza" inclinada; vemos esta rosa y su reflejo en el espejo.

Esta dualidad no se refiere solamente al reflejo que da el espejo, sino que encontramos una alternancia entre luz y sombra, entre pompa y tristeza, entre dolor y "jardín del alma". El espejo, además de las imágenes, refleja la tonalidad emocional que las acompaña.

Este espejo, entonces, parece que lo refleja todo, sin hacer distinciones. ¿Cuáles son, por cierto, las primeras cualidades que se le atribuyen en el soneto?

martes, 11 de agosto de 2020

Exegénesis de Soneto 2, de La urna, de Enrique Banchs

Exegénesis es un modo de dar a conocer, principalmente por escrito, nuestras interpretaciones de los textos (exégesis) con el propósito de que generen (génesis) otras interpretaciones. 





En este soneto, al igual que en el número 1, se encuentra una confrontación de diversos eventos con el sentir de quien habla en el poema, salvo que no se señalan las diferencias entre dichos eventos y los sentimientos, sino su similitud. De aquí el uso del adverbio 'también' con que inicia el soneto, que nos sugiere un enlace con algo previo (Soneto 1).

Los eventos mencionados tienen en común que presentan una primera etapa en que permanecen ocultos hasta que finalmente se manifiestan. Así, pues, al igual que el manantial, que permanece oculto, confinado en su primer lecho, rompe su prisión y fluye, el amor de quien habla sale de su encierro para manifestarse en el poema ("estrofa castellana").

El discurrir de los eventos con que es confrontado el amor de quien habla hace referencia a estadios de nacimiento o de inicio; en efecto, los eventos con que se confronta son: un manantial, la aurora y la espiga que surge del grano.

Por otra parte, en estos eventos están también implicadas imágenes de cautiverio, de adormecimiento y luto. Es así como se señala que, tras un proceso de cautiverio o inactividad, las fuerzas emergen al fin y lo hacen de manera vigorosa y alegre, en contraste con su anterior estado de opacidad e incluso de sufrimiento.

De este modo, quien habla concibe que la manifestación de su amor "estéril y escondido" en la poesía es un surgir triunfante, alegre y vital, como lo es el del manantial, el de la aurora (de "rostro rosa") y el de la espiga, antes oculta en la tierra. Lo es, por cuanto al manifestarse de esta manera se deja atrás un estado de sufrimiento, luto y pasmo, que viene a ser reemplazado por uno de canto (gorjeo), alegría (risa) y actividad (engarzar).

Los sonetos 1 y 2 de La urna nos presentan dos formas de asumir un "amor estéril y escondido": primero como un evento que no encuentra eco en nada ni nadie; luego, como un evento que puede manifestarse triunfalmente en la poesía.


Comparto este poema de mi autoría, homenaje a Enrique Banchs, que se publicó hace ya muchos años en la revista Suma Cultural, de la Universidad Konrad Lorenz  (encuentran otros dos poemas de mi autoría en este enlace: http://www.konradlorenz.edu.co/es/publicaciones/revista-suma-cultural/367-numero-7-ano-2008.html)

 

domingo, 2 de agosto de 2020

En la tierra de los vivientes (2014)



En la tierra de los vivientes (2014) es mi tercera obra publicada. Es un poemario dividido en tres partes, que representan tres maneras de relacionarse con el mundo; podríamos decir que el libro comienza en un nivel de consciencia algo limitado por una realidad anodina, pasa por un estado de amargas revelaciones y luego se abre paso hacia la posibilidad de algo extraordinario.

Les comparto estos apartes del prólogo, que considero revelan buena parte del sentido del libro: 

“Un hombre es lo que hace con lo que los otros hicieron de él”, dice Sartre, y esta decisión existencial es lo que nos acoge en la tercera parte, donde se abren vías de redención al mundo administrado: la expresión en todas sus manifestaciones (como el propio Winston, que se sienta en un rincón, oculto a las cámaras, a escribir su diario), el actuar-crear un hombre libre, la capacidad de que “cualquier rostro se le figure hermoso”, ver que hubo dioses aunque se trate de un “tiempo sin Dios” y, sobre todo, la posibilidad del amor, incluso si no se cuenta con esta como certeza (“si quieres, / no dejes de venir aquí”).

Despertamos, así, en la Tierra de los vivientes: los que sueñan, los que se expresan, los que tocan la zona de lo inapropiado y la redimen de la denotación enferma y neurótica a la que la había rendido el poder.

(...)

Léase cada poema, uno a uno, léase como si se viese usted en un espejo. 
 
Jimena Gamba

 
"Anestésico", poema de mi libro En la tierra de los vivientes



sábado, 1 de agosto de 2020

Lo que ocurre en silencio (2011)



Lo que ocurre en silencio (2011), un poemario, es mi segundo libro publicado. Fue editado originalmente por Katarina Kartonera, casa editorial de Brasil que elabora libros artesanales con una portada diferente para cada ejemplar, de manera que cada portada es única. (invito a conocer aquí este interesante proyecto: http://katarinakartonera.wikidot.com/)

El libro trata, como lo indica el título, de las experiencias que se dan silenciosamente en nuestra vida. Quiere mostrar que todos los eventos primordiales de la existencia ocurren en silencio: cuando más se ama es cuando se está en silencio; las reflexiones más serias y más hondas surgen cuando las personas están en silencio; las penas más grandes se llevan en silencio. Dado que esto es lo esencial en el libro, poco importa en dónde o cuándo ocurre lo que ocurre, pues es lo fundamental que aquello ocurre en silencio. De esta manera, encontramos  que los espacios de este libro son abstractos y los títulos aluden a sentimientos y eventos generales (“Amor”, “Resonancia”, “Plegaria”). 

El libro propone un recorrido emocional, que incluye nostalgia, melancolía, incluso desesperación, pero que también está cruzado por la esperanza, la ensoñación y alguna dicha íntima, silenciosa.

 Aquí una muestra de uno de los poemas:
 
EN LA LUZ DEL OCASO 

Así, con el color atenuado y con un leve temblor,
Lo vemos todo.
Así el amor, así la muerte,
Así lo que pueda existir entre estos dos.

Nunca en la sombra ni en la luz,
Damos el nombre de Día y Noche a lo que no vivimos.

En la penumbra nada puede borrarse ni llegar a ser plenamente;
Indefinida es también nuestra angustia,
Hija del habitar, mas sólo en este aquí sin fijeza.

Pues ya que todo tiembla, nada puede conectarse,
Y ya que todo es tenue, se difumina a la mirada dura
Que quiere comprender.

Espejo nuestro es la luz del ocaso,
Por cuanto es desvanecerse en el temblor que son los días
Como permanecemos.
 



De nuevo, Esta Mujer (2010 con reedición en 2012)




De nuevo, Esta Mujer es mi primera obra publicada. Primero se publicó en Argentina (2009), luego tuvo una reedición en una editorial colombiana (2011). 

Por razones inexplicables y del todo ajenas a mi voluntad, la primea edición, ya agotada, de la novela aparece en un portal por un valor de €688,19. 


¿Cómo serán esas regalías? ¿Me cambiará el dinero? ¿Acaso me convertirá en un hombre sarcástico?

Bueno, ya: creo que se trata de algún tipo de error en la plataforma del portal. Eso sí, si alguien está dispuesto a pagar tal cantidad, comuníquese conmigo, si es tan amable. Dejemos aquí estos asuntos pecunarios, que me va dando algo de vergüenza.

La novela abre con este epígrafe:


  


Me atrevería a decir, aunque yo sea solamente el autor de la obra, que la promesa que hay en este epígrafe se cumple en el libro. 

Me animé a escribir esta entrada porque reapareció hoy esta microrreseña de hace años. Prefiero que sea un lector quien les comparta algo de lo que encontró en mi obra.

lunes, 27 de julio de 2020

Exegénesis de "La rana que quería ser una rana auténtica", de Augusto Monterroso

Exegénesis es un modo de dar a conocer, principalmente por escrito, nuestras interpretaciones de los textos (exégesis) con el propósito de que generen (génesis) otras interpretaciones. 



Ya lo sé: en todos los ejercicios de comprensión de lectura aparece algo de Monterroso; digamos que lo han "quemado" bastante, que se lo han "caspiado" (estos son colombianismos muy chéveres -otro colombianismo-, que me encantan; pido a la audiencia internacional que busque su significado en google e integre cuanto antes estos fecundos términos). 

Me imagino a algunos redactores de los ya (casi) extintos textos escolares en su conciliábulo:

- Eso pongamos este de Monterroso, que se lee rápido y hasta fácil de leer será.

¿Fácil? Agradable de leer, sí. La verdad es que ya nadie parece tener tiempo, y estos textos que se leen en dos minutos nos vienen bien... A veces... Tal vez no deberíamos exigir que todos los escritores del planeta escriban telegráficamente. (En uno de mis poemas pregunto: "¿Quién puede esperar ahora?" https://www.buscalibre.com.co/libro-en-la-tierra-de-los-vivientes-verbum-poesia/9788490740927/p/46466920) 

Veamos, pues, si podemos "descaspiarlo" un poco en esta exegénesis; aquí el texto:



El título

En algunos talleres de escritura se dice que es un pecado repetir una palabra en el título. ¡Se ve a las claras que eso le importó muchísimo a Monterroso!

¿Por qué ese "rana-rana" en el título? 

- El novato Augusto Monterroso, ¡haga el favor de abandonar YA este eximio taller de escritura!

Monterroso se va (el autor no importa, en serio), pero... el texto se defiende, porque un texto se tiene que defender, solito, ¿o no?

Habla el microrrelato: la repetición de una palabra en mi título tiene una razón de ser, grandioso señor del taller profesional de escritura.  Me explico: la rana de la que hablo carece de identidad.

El título se podría leer así: "La rana que quería ser una rana...". ¿Se entiende? La rana de la que hablo aún no es, siquiera, una rana, no es ella misma. 

Aquí en voz baja: al final incluso dice que "parecía Pollo". 🤫

El señor y dueño de la fórmula para escribir le pide al microrrelato de la rana que muestre evidencias de su rebuscado argumento para justificar falla tan alarmante en la asignación de un título. "Me parece a mí -agrega- que es usted quien carece de identidad: se dice un texto literario, pero, a juzgar por su deficiente título, dista mucho de serlo, jovencito".

Recurrencias que van conformando un sentido

El microrrelato responde así al desafío: Señor y dueño de la fórmula para escribir, pido a Vmd. que busque en mi interior cuántas palabras se refieren a "los demás"; esas palabras no están ahí porque sí. He sido diseñado, tejido con esmero; eso lo notará si me vuelve a leer.

Y hasta aquí queda esta exegénesis.  

sábado, 25 de julio de 2020

Exegénesis de Cómo me hice monja, de César Aira

Exegénesis es un modo de dar a conocer, principalmente por escrito, nuestras interpretaciones de los textos (exégesis) con el propósito de que generen (génesis) otras interpretaciones. 


Esta exegénesis se concentra en el primer párrafo de la novela de Aira, que dice así:

Mi historia, la historia de "cómo me hice monja" comenzó muy temprano en mi vida; yo acababa de cumplir seis años. El comienzo está marcado con un recuerdo vívido, que puedo reconstruir en su menor detalle. Antes de eso no hay nada: después, todo siguió haciendo un solo recuerdo vívido, continuo e ininterrumpido, incluidos los lapsos de sueño, hasta que tomé los hábitos.

El/la narrador (a)* comienza por darnos una visión de la memoria como algo compartimentado: puede recordar a partir de los seis años; antes de eso no hay nada. 

¿Qué nos dice sobre el recuerdo?

Que todo se hace recuerdo, recuerdo vívido, a partir de un punto. En otras palabras, es como si el recuerdo "absorbiera" todo.

Hay otra particularidad de este recuerdo: carece de solución de continuidad y, lo más extraordinario, incluye los sueños.

El/la narrador (a) afirma, por tanto, tener una memoria más que prodigiosa, una que registra simultáneamente tanto la vigilia como el sueño. Al ser de esta manera, ¿cómo podríamos hacer una distinción entre lo que vivió en la vigilia y lo que experimentó en los sueños? El/la narrador (a) no nos da una sola pista; simplemente nos deja advertidos. 

Al poner entre comillas "cómo me hice monja" nos adelanta que el valor semántico del enunciado no es el que podemos creer inicialmente; tal vez (y no digo más para no arruinar la lectura) ese "hacerse monja" está extremadamente codificado conforme a la subjetividad del narrador. De hecho, ese "hasta que tomé los hábitos" definitivamente tiene otro valor, que no se relaciona con "integrarse permanentemente a una comunidad religiosa". 

¿Qué significa entonces "hasta qué tomé los hábitos"? Simplemente dejo la invitación a descifrarlo, pues es así como mis exégesis buscan que el lector genere la suyas: exegénesis.


* Uso esta fórmula debido que el narrador alterna su identidad, a veces es "el niño", otras veces "la niña"; incluso se llama a sí misma (o) "Santa César del helado de fresa".

Exegénesis de “Soneto 1” de La Urna, de Enrique Banchs

Exegénesis es un modo de dar a conocer, principalmente por escrito, nuestras interpretaciones de los textos (exégesis) con el propósito de que generen (génesis) otras interpretaciones. 






La urna, de Enrique Banchs fue publicada originalmente en 1911

(La urna, de Enrique Banchs, poeta argentino, fue publicada originalmente en 1911) 

En este soneto se enumeran eventos que al tener lugar dejan, la mayoría de ellos, de manera efímera pero verificable, un rastro en el mundo. Estos eventos y su manifestación son confrontados, tácitamente, con el amor de quien habla en el poema, de lo que resulta que aquel, a diferencia de los primeros, es un evento que no se manifiesta, que permanece oculto.

Además de la anterior, los eventos mencionados tienen un efecto sobre algo o sobre alguien. Es así como, al ser contrastado con estos eventos, el amor de quien habla (un amor que “vive sin hacer señas ni hacer ruido”) es calificado como algo “estéril y escondido”.

Hay aquí, pues, una concepción del amor que nos es reveladapor vía negativa; es decir, si quien habla en el poema considera que su amor es “estéril” debido a que “vive sin hacer señas ni hacer ruido”, lo hace porque considera que un amor “fértil” debería manifestarse y causar un efecto en algo o en alguien.

Sin embargo, es preciso señalar que, pese a que considera estéril su amor oculto, no por esto considera que este no sea, finalmente, amor. De esta manera, podría decirse entonces que quien habla considera que su amor sería fértil si: despertara a los cálices, avivara la llama de un hogar, consiguiera que alguien se detuviera ante su canto, trazara su estela en el firmamento, produjera un eco, dejara una huella y llamara al Recuerdo (esta palabra está en mayúscula en el soneto).

En este soneto, por tanto, no hay una descalificación del “amor escondido”, sino que se despliega una concepción ideal del amor, que se encuentra muy distante del amor que, en el momento, experimenta quien habla en el poema. Es, pues, la enorme diferencia que hay entre el amor ideal, fértil y manifiesto, y el amor vivido, estéril y escondido, lo que da a este poema su tono añorante y melancólico.
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