- Steve Jobs
- Will Smith
Y algunos más...
En mi amena jornada de empleado de fin de semana soy el chico fotocopiadora.
¡Menos mal que hemos avanzado y ahora tenemos carbonato de litio, clozapina y ácido valproico! De lo contrario, estaríamos pensando como esos hombres atrasados de la antigüedad y alcahuetiando como ellos la locura y la vagancia.
¡A trabajar, vagos, que a este mundo no vinimos a escribir poemitas!
Hay una tercera clase de delirio y de posesión, que es la inspirada por las musas; cuando se apodera de un alma inocente y virgen aún, la trasporta y le inspira odas y otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas, celebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene de las musas, o que crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; y la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino. [Platón, Fedro o de la belleza]
Así quedaría una acertadísima reescritura del guion de la película que va de lo que desencadena el protagonista al ingerir una misteriosa pastilla milagrosa conocida como NZT, fármaco revolucionario que promete le permitirá aprovechar todo su potencial cognitivo con escaso pagamento:
Se toma la pastilla para hacerse "más inteligente", esta funciona y le hace caer en cuenta de que es un error haber tomado una pastilla para hacerse "más inteligente".
Si bien con tono satírico, hace ya casi 10 años que escribí y publiqué un texto que confluye con este hermoso poema de Cavafis: no es el viaje lo que cuenta, sino lo que cada quien experimenta en el viaje; el viaje no cambia una percepción que no estaba por cambiar ni abre puertas que no se iban a abrir.
También está esta cita del Tao Te King: "Sin salir de mi casa puedo conocer el mundo".
Y un poema breve de mi autoría (del libro Lo que ocurre en silencio, 2010):
¿Cómo veíamos las series de televisión en nuestra infancia? ¿Qué era lo que veían nuestros ojos de niños en las series y de qué manera lo organizábamos dentro de nuestra comprensión de entonces?
Más que un profundo análisis anacrónico, estas entradas son un intento de reconstrucción de lo que veía en las series de televisión de los ochenta mi yo de cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez años. Esta serie de textos tiene la intención de invitar a quienes, como yo, pasaron muchas de sus horas frente al televisor a que hagan sus propias reconstrucciones y nos compartan un poco de esas experiencias. Exploremos algo de lo que ocurrió en la conformación de nuestra consciencia.
# 3 ¿POR QUÉ SE RÍE CENTELLA?
A mis cinco o seis años me daba algo de miedo ver los capítulos del Capitán Centella. Los veía, pero siempre con la sensación de estar sobrepasando un límite, de entrar en contacto con algo oscuro, quizá algo "maldito". ¿La razón? Es simple: la serie es putamente oscura... Pero vamos a lo que registraba entonces el niño...
El archienemigo (así se le decía entonces, nada de ese helenismo gringoide de "nemesis") de Centella respondía al alias de "La garra de Satán". ¡Y, por cierto, tenía cuernos! Que recuerde, no había otra serie animada infantil en que algún personaje respondiera al nombre de Satán. Así, pues: "Yo, niño catolizado, estoy viendo una serie en que se nombra continuamente a Satán; no está bien, pero la sigo viendo". Seguía viendo la serie porque, en fin de cuentas, "La garra de Satán" era el malo... Aun así, la sensación de estar viendo algo inadecuado, digamos, no me abandonaba. ¿Por qué?
Ocurría que, si bien Centella estaba nominalmente del lado opuesto del de los villanos diabólicos, tampoco me parecía bueno. Centella se valía de métodos que no empleaban otros hérores; el más recurrente: arrojaba, a manera de estrella ninja, la filosa medialuna (claro simbolismo de que es un personaje de lo nocturno, de lo oscuro) que lleva en su frente y ¡hería a sus rivales! La filosa medialuna (creo que también usaba estrellas ninja) se clavaba en las manos de sus rivales y les causaba visible dolor; algunos, si mal no recuerdo, incluso sangraban. En una escena que se me quedó grabada, Centella, sin mediación de dilema ético alguno, clava su medialuna en la frente de "La garra de Satán"... Los demás héroes quizá aturdían a sus rivales, pero no buscaban causarles dolor, al menos eso decía uno. Aunque en ese tiempo no tenía la palabra para describirlo, Centella me parecía un sádico.
La apoteosis del sadismo que entonces percibía en Centella se daba en el momento de su entrada: una risa macabra que no se sabía de dónde provenía, desconcertaba a los secuaces de "la garra de Satán". Pasados unos segundos, Centella aparecía donde menos se lo esperaba, con su infaltable fondo psicodélico. "¿Por qué se ríe? ¿Por qué se ríe así?", le pregunté en más de una ocasión a la prima, unos años mayor que yo, que me acompañaba a ver estas series de los sábados de nuestra infancia ochentera. Recuerdo que una vez me respondió, disgustada por mi recurrente interrupción, algo como esto: "¡Pues para asustarlos!". ¿Para asustarlos?
En la convención que conocía en el momento, la risa macabra era sello exclusivo de los villanos, de manera que entonces no pude entender cómo Centella, el héroe, se valía de las mismas tácticas de los malos. En otras palabras, siempre dudé de la bondad de Centella
¿Cómo lo veían ustedes? A esa edad, ¿se preguntaron alguna vez por qué se reía Centella
Nota: en el presente considero que es una gran serie, justamente porque se permite jugar con las convenciones y propone una recodificación de los roles.
¿Cómo veíamos las series de televisión en nuestra infancia? ¿Qué era lo que veían nuestros ojos de niños en las series y de qué manera lo organizábamos dentro de nuestra comprensión de entonces?
Más que un profundo análisis anacrónico, estas entradas son un intento de reconstrucción de lo que veía en las series de televisión de los ochenta mi yo de cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez años. Esta serie de textos tiene la intención de invitar a quienes, como yo, pasaron muchas de sus horas frente al televisor a que hagan sus propias reconstrucciones y nos compartan un poco de esas experiencias. Exploremos algo de lo que ocurrió en la conformación de nuestra consciencia.
# 2 DE POR QUÉ PITUFO FILÓSOFO RESULTABA DESPEDIDO POR LOS AIRES
Desde siempre, los guionistas de series infantiles han incorporado ciertos chistes bastante elaborados o referencias que un niño no detecta o que simplemente lee a su manera. Con el paso del tiempo, y dada la oportunidad de volver a ver algún capítulo de estas series, encuentra uno varios pasajes que, en su momento, registró de un modo completamente distinto del que se da en quien las revisita a una edad mayor.
Un ejemplo: el personaje Pitufo filósofo. Cuando veía la serie Los pitufos a mis cinco o seis años, no entendía por qué, en un momento determinado, en el que Pitufo filósofo se largaba a sermonear (pero entonces tampoco percibía que estuviera sermoneando), salía despedido por los aires súbitamente. Alguno de sus compañeros, a veces en acuerdo con todo un grupo, lanzaba violentamente a Pitufo filósofo fuera de la villa.
Con el tiempo entendí la carga que lleva este gag, en apariencia simple: los pitufos solamente recurren a la violencia en este caso; cuando se trata de este tipo de "filósofo", la comunidad más amante de la convivencia y el diálogo, se permite, por así decirlo, las vías de hecho. ¡Vaya que hay aquí una declaración implícita! ¡En tu barbuda cara, Platón expulsapoetas!
El caso es que a esa edad no detectaba esas sutilezas, sino que solamente veía que el pitufo de las gafas estaba destinado a ser despedido por los aires en algún momento del capítulo; veía lo gracioso del efecto, pero no leía nada más allá. Además, el personaje no me parecía el más exasperante; creo que, en mi percepción de niño, ese lugar se lo ganó Pitufo vanidoso, si mal no recuerdo.
¿Les pasó algo similar con alguna referencia, chiste o situación que se presentaba en las series de su infancia? La idea es hacer algo como una regresión y compartir cómo veían esos detalles a su tierna edad y cómo fue cambiando esa percepción con el tiempo.